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  • Víbora
  • Víbora
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  • Jerome Smith (alias Víbora) es un miembro fundador del Club de la Serpiente Secreta. Ofrece el sótano de su casa para las reuniones del club, pero no lo decora porque su abuela vive ahí abajo. Suele discutir con Viscoso para que se calle. Su nivel de rango es 8.
  • Viper era un mutante que es inmune a las toxinas, así como tener cualidades de serpiente.
  • Patience era el nombre de mi mujer, pero su nombre era solo eso, no aplicaba tal cualidad. Pasábamos por una mala racha, y ella solo presionaba y presionaba. Tenía constantes dolores de cabeza a causa de sus regaños y alaridos de carroñera fiera, no la soportaba. Durante ese tiempo una epidemia mató a la gran mayoría de los puercos, quedándome con unas cuantas vacas y orillándome a negociarla como muslos de pollo, fue entonces cuando esa idea pasó como estrella fugaz por mi mente. —Ya estoy aquí cariño, ¿Qué necesitas? —pregunté de manera hipócrita. —¿Cómo… cómo diablos has hecho eso?
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Primera aparición
  • El Club Secreto de la Serpiente
Doblaje
  • EE.UU.:
  • Billy West
última Aparición
  • Billy y Mandy: La Ira de la Araña Reina
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Nombre
  • Víbora
  • Dr. Green
Actor
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Alias
  • Viper
Imagen
  • 180
Estado
  • Fallecida
Origen
Género
  • Masculino
Película
  • The Wolverine
abstract
  • Jerome Smith (alias Víbora) es un miembro fundador del Club de la Serpiente Secreta. Ofrece el sótano de su casa para las reuniones del club, pero no lo decora porque su abuela vive ahí abajo. Suele discutir con Viscoso para que se calle. Su nivel de rango es 8.
  • Patience era el nombre de mi mujer, pero su nombre era solo eso, no aplicaba tal cualidad. Pasábamos por una mala racha, y ella solo presionaba y presionaba. Tenía constantes dolores de cabeza a causa de sus regaños y alaridos de carroñera fiera, no la soportaba. Entiendo querido lector, puedes sentir empatía por mí, no la estoy rogando, pero lo siento, puede que después de esto me odies o me entiendas. Nunca pudimos tener hijos, a causa de una herida durante mi servicio en la guerra. Estaba retirado, acompañando las amarguras de mi esposa, sus constantes quejas y sus ridículos chantajes. Cada vez que podía me recordaba mi suerte, burlándose por mi infertilidad, ya no podía más. Me dedicaba a cortar carne y venderla por gramaje, la mejor carne era la de res, pero siempre se vendía la de cerdo por ser más barata. Durante ese tiempo una epidemia mató a la gran mayoría de los puercos, quedándome con unas cuantas vacas y orillándome a negociarla como muslos de pollo, fue entonces cuando esa idea pasó como estrella fugaz por mi mente. —Estúpido bueno para nada, ven para acá, necesito tu maldita ayuda —gritó aquella gruñona hembra desde el sótano, la oportunidad perfecta. Bajé las escaleras, pensando en mi suerte. Veinticincos años parecen pocos, pero al lado de la iracunda bestia parecían eternos. Nadie sabía de su comportamiento, ya que su rostro era tierno, hermoso, como toda una dama de sociedad, pero no era más que una serpiente, y la más letal. Diez, once, doce escalones y estuve a su nivel, la puerta se cerraba con una barra de metal, la cual la tomé y oculté en mi lomo. —Ya estoy aquí cariño, ¿Qué necesitas? —pregunté de manera hipócrita. —Déjate de idioteces, mueve esta estúpida caja que pesa como la chingada. —Claro, claro que lo haré —entonces azoté la barra contra su cráneo, tumbándola rápidamente. A veces uno cree que sus problemas no tienen solución, pero son esas ideas creativas que me hacen ponerme de buen humor; en la guerra conocía tipos que se ocultaban en los cadáveres de sus amigos, e incluso llegaban a alimentarse de su carne. Fue cuando me pregunté: "¿Por qué no alimento al pueblo?". Salí al patio, donde se encontraba una res, le rebané el cuello y la desmembré, no quería levantar sospechas sobre la procedencia de mi carne. Colgué su pellejo al sol, sobre un pequeño tendedero. Bajo tierra, en aquella habitación, miré por última vez el cuerpo de mi mujer desnuda, si tan solo se hubiera comportado bien. Pasé una pequeña navaja por el cuello para dejar correr la sangre, tomé una pequeña sierra que utilizaba para partir los huesos de mis animales; hice lo propio con las extremidades de Patience, después aparté la carne de sus huesos y la puse dentro de una hielera con sal. Su cabeza la puse a un lado, su rostro no sería desperdiciado, era un bello recuerdo de lo que una vez fue hace tantos años. Sus pálidos párpados se encontraban cerrados y los tendones de su mandíbula habían dejado de funcionar, dejando su boca abierta. Los huesos los enterré, lo que tomé por desperdicios los repartí a oscuras por todo el pueblo para que los perros u otros animales se encargaran de ello. No quedó nada. A la mañana siguiente anuncié mi retirada del negocio y regalé mi carne. Todos los pueblerinos fueron por su parte, era rara la vez que comían res, así que saciaron sus ganas comiendo ese mismo día. —¡Charles! —escuché justo cuando cerraba mi local, después del agobiante día en el que recibía las gracias de todos por erradicar su pasajera hambre— ¡Jodido idiota! Imposible, la asesiné, acabé con ella, salvo su cabeza muerta, que puse sobre una mesa en la estancia para poderla apreciar cada que entraba. —¡Hijo de tu puta madre! ¿Dónde rayos están mis piernas y mis brazos? ¿Qué me hiciste, jodido desquiciado? Entré con delicadeza, la miré, aparcada sobre la mesa, girando sus ojos para poderme ver, haciendo su esfuerzo para moverse y bramando de coraje. —Eres un maldito —dijo mientras se carcajeaba sin parar— Eres un maldito, ni así te liberarás de mí… No sabía qué hacer. Me senté frente a ella, mirándola con temor, escalofríos, incomodidad y sorpresa. ¿Qué era recomendable hacer? ¿Una cabeza parlante? ¿Quién con sano juicio me creería? Y lo más importante, ¿confesaría lo que le hice? —Claro que lo haré, cuando encuentre mi cuerpo te asesinaré… —¿Cómo… cómo diablos has hecho eso? Ese cráneo me leyó el pensamiento. —Yo lo sé todo, aún si te deshaces de mí, llegaré a donde tu estés, yo Patience J. White, te maldigo. No pude hacer más que correr hacia mis botellas de licor, di un gran trago a la botella de Tequila, que corría por mi garganta de manera brusca y cálida, la rompí sobre la alfombra, esparcí el Coñac por los sofás y una pequeña botella de cristal de Ron, encendí un cigarro y me lo llevé a la boca, tiré un cerillo sobre aquel sofá, mientras mi mujer, o lo que fuera, me miraba, sonriendo con malicia. Los adornos y cortinas, incluyendo la mesa, se consumían en una roja flor. Mi casa quedó reducida a cenizas, nadie del pueblo salió. Era preferible, quería estar solo, escuchaba las carcajadas de Patience a lo lejos. Esas risotadas aún las tengo en mente, cada vez que me voy a dormir, mirando su cabeza, flotando en la oscuridad. Créeme cuando te digo que era una víbora ponzoñosa, nadie en el pueblo despertó, ni los perros, ni los gatos, ni los niños ni los adultos; al parecer la carne de Patience estaba enferma o envenenada. Categoría:Mentes trastornadas Categoría:NRHT
  • Viper era un mutante que es inmune a las toxinas, así como tener cualidades de serpiente.